Por la Carretera Argentina

Fotos por Ivan y Karla

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Texto por Ivan Kashinsky

Después de sufrir de inanición en el altiplano del sur de Bolivia, los filetes de carne gruesos y jugosos se deslizaron fácilmente por mi garganta. No se puede encontrar un restaurante vegetariano en la Tierra de los Gauchos. Los Gauchos, o vaqueros argentinos, casi han desaparecido a excepción de uno muy especial llamado Gaucho Gil. Al parecer, Gil robó a los ricos y dio a los pobres, pasando de Robin Hood a la santidad. Para la gente del campo argentino es más popular que el mismo Jesucristo.

 Aproximadamente cada cinco millas llegamos a los santuarios dedicados al difunto Gaucho. Entre decenas de banderas rojas, las personas han dejado de todo: cabello humano, copas de vino, zapatos de fútbol, etc,  todos con la esperanza de que el Gaucho les proteja. Asi mismo, han dejado pequeñas figuras que lo representan. Un día encontramos una vieja figura del Gaucho, su rostro estaba desgastado por el tiempo y en descomposición por el duro sol del desierto. Decidimos ser traviesos y lo hurtamos de su legítimo lugar en el santuario. COSAS TERRIBLES EMPEZARON A SUCEDER. Paramos en el siguiente santuario y depositamos a nuestro pequeño Gaucho con sus banderas rojas y ofrendas. El universo se volvió a alinear y todo volvió a la normalidad. Con el Gaucho no se juega.

 Seguimos para la capital, a esta no se la llama “el París de América del Sur” por nada. A fines del siglo diecinueve, cuando Buenos Aires ganó mucha plata por la carne que se exportaba, la ciudad fue derribada y reconstruida para parecerse a París. No estaba seguro donde estaba cuando caminaba por las calles de la ciudad. Podría haber sido Nueva York. En cambio, en San Telmo, un famoso barrio bohemio, tuve la sensación de que estaba en La Habana. Era como un lugar que alguna vez fue increíblemente rico y ahora lentamente decae. Ancianos de gruesos lentes estudian sus periódicos y meseros elegantes traen capuchinos mientras la luz de la mañana entra por las antiguas ventanas de cristal y bañan el piso a cuadros.

 Siguiendo al sur y para matar el aburrimiento que se apoderaba de nuestras almas mientras manejabamos día tras día a través del frío y monótono paisaje de la Patagonia oriental, tomamos hierba mate. Olvídate del café. El tomar hierba mate se convirtió en más que un ritual. Era una forma de vida. Sin ella, simplemente no podíamos existir. Para aquellos que no saben, la hierba mate se coloca en una pequeña calabaza seca. Se agrega agua caliente, y luego se absorbe con una pajilla de metal. Suena extraño, pero es impresionante. La tradicional bebida caliente nos acompañó todo el camino hasta el Estrecho de Magallanes, donde abordamos un ferry y cruzamos a la Tierra de Fuego.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Por la Carretera Argentina

  1. Por la carretera me gusta mucho!! Cada historia. Lindas fotos carajo jaja… Continuen publicando, que por acá se disfruta visitando el sitio, felicitaciones.
    ar

  2. liz gachet

    como tomaron esa foto de la Karla

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