Buscando a Nirmo: el Salar de Uyuni

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Texto por Karla Gachet

Hace mucho tiempo caminaban los cerros y se portaban como humanos. Uno de estos cerros, el Volcán Tunupa, era mujer y vivía con su esposo y tres hijitos. Uno de sus hijos murió y otro que era bebé se lo quitó su esposo quien la engaño y se fue con otra. Al enterarse Tunupa le dio un sopapo en la cabeza que le tumbó el sombrero. Tunupa lloró mucho y derramó su leche que era blanca y esta se mezcló con sus lágrimas. Así se creo el Salar de Uyuni. Tunupa hoy sigue soltera y su esposo también quedó solo luego de que lo dejó su segunda mujer.

Madaí Laime tiene quince años y ha embolsado sal desde los seis. Su trabajo consiste en poner la sal en fundas de 1kilo, sellarlas y empacarlas en bolsas de 50 kilos por paquete. Al día debe empacar 2500 kilos, y por esto gana alrededor de $5. La primera vez que su mama le llevo a trabajar no se imaginó que existía tanta sal. Madaí sale de su casa en la mañana antes de ir al colegio y empieza a empacar, vuelve durante los recreos y termina después de salir de clases. Su papá los abandonó hace 9 años y tiene otra familia, vive en La Paz y está enfermo. La canción preferida de Madaí es “Nada queda ya” de Kudai y su hermano menor se llama Bin Laden.

El grupo musical “Nubes del Amor” fue creado por los hermanos Chambi: Leo, Nico, Erik y Nirmo. Ellos se especializan en Cumbia Chicha y vienen amenizando eventos desde el ’91. En sus comienzos tocaban en latas y después cada uno ahorró y completaron los instrumentos de la banda. Repasan en su tiempo libre dos o tres veces por semana, depende del ánimo. Nirmo quiere ahorrar dinero para comprarse su propio trailer y vender la sal fuera de Colchani. En vez de ganar $143 al mes puede ganar hasta $1500. Erik odia trabajar en el salar y quiere ser guía turístico. Nico no logra afinar su bajo al que le falta la última cuerda. Leo tiene una esposa al norte de Argentina que no se acostumbra al frío de Colchani. A el no le gusta el calor de Argentina.

El hotel Luna Salada reposa majestuoso en la cima de una loma frente a la planicie de sal. Desde su restaurante, rodeado de ventanas polarizadas, se tiene una vista del salar de 180 grados. El singular edificio esta construido con sal, sin yodar, y su target es el turista internacional a quien le agrade el confort, la tranquilidad, la cocina gourmet y caminar en sal. Para asegurar su óptima calidad, la sal y la mayoría de los alimentos usados en la cocina, son importados desde Argentina. Los precios por noche van desde $80 hasta $120 por habitación. El otro hotel en Colchani cobra $3. No hace mucho, Evo Morales se hospedó en el establecimiento y luego de elogiar a los dueños por tan distinguido lugar, les obligó a crear una tarifa para bolivianos de $50.

Ángela, Marcelo, John y su perro Skycer son vecinos y se reúnen cada tarde para jugar en los montículos de sal de la procesadora frente a su casa. A ellos no les interesan las leyendas de montañas, ni han entrado al salar para ver una de las maravillas naturales mas impresionantes que atrae a gente de todo el mundo. Tampoco están preocupados de saber si la sal que procesan frente a su casa tiene suficiente yodo para el consumo humano. Solo saben que tienen poco tiempo para saltar de una montaña a la otra en su mundo de sal, porque después de las siete se les acaba el permiso.

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Por la carretera Bolivia

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Texto por Karla Gachet

Email a la familia

Familia! Ayer cruzamos finalmente la frontera y salimos de Bolivia. La última parte fue tenaz. Estábamos a más de cinco mil metros de altura y el frío se metía en los huesos no importa cuantos sacos y cobijas se tenga encima. Los paisajes del sur de Bolivia son impresionantes: montañas cubiertas de nieve, la laguna verde, colorada, celeste, flamingos en todas las lagunas, llamas.. Lo mejor las termas de agua caliente en donde nos remojamós luego de tres días sin dúchas ni baños, ya se imaginarán.

Todo comenzó despues del Salar de Uyuní. Decidimos seguir a los demás guías que se van para estas lagunas que les cuento y nos dijeron que el camino era medio malo y mejor que sigamos a otros para no perdernos. El guía al que estábamos siguiendo iba rapidaso en su carrote y cuando se disipó el polvo nos dimos cuenta que estábamos solos, nos dejó botados en medio de la nada, no había un alma para preguntar por donde ir.

Entonces, tocó ir adivinando. El camino al que le dicen pasito tun tun es pésimo, y de repente se divide en tres. De tin marin.. seguimos nuestro instinto y gracias a los rezos diarios de la abue creo, llegamos al primer pueblo que se llama San Juan. El guía care maso ya estaba hasta merendado cuando llegamos y se asustó de vernos porque de ley pensó que nunca ibamos a llegar. Como teníamos que comprarle a el mismo gasolina ni como pegarle un quiño.

El problema es que en Bolivia nadíe sabe explicar direcciones. Un guía super buena gente nos dijo que le sigamos a el al siguiente dia porque después de unas horas el camino si se pone bien malo. Más?!! En efecto. No se imaginan, eran rocas gigantes que había que trapar subiéndo una montaña empinada que a un lado tenía precipicio. Yo fui cerrada los ojos la mitad del tiempo y el Ivan envejeció tres años en tres horas. Nadie, ni turistas ni guías, podían creer que estábamos atravesando solos por estos caminos tan “inóspitos” como diría papa.

Llegamos a la famosa laguna colorada donde hay dos hoteles, uno malo y otro peor. Las camas del hotel nunca en la vida se han cambiado de sábanas, los techos ya se caen y unos hornos que se usaron en alguna época para calentar a la gente sirven de estorbo. Los turistas buscan algún rinconcito para hacer pipi porque ni el mas arriesgado se atreve a poner un pie en el baño que se daño hace algunos dias. Encima nos peleamos con el Ivan.  Creo que del estrés y cansancio ya no nos aguantabamos. Así que cada quien durmió en su cama congelado.

Al tercer dia el carro ya no pudo mas y empezó a tocer. Caminaba y de pronto se frenaba. Una vez mas todos los guias nos pasaron sin decir ni chao.  De nuevo estábamos solos en medio de la nada y con nuestros grandes conocimientos de mecánica. Paramos para dar un vistazo al motor que fue igual que tratar de leer un libro escrito en árabe. Despacito y rogándole al carro (le pusimos de apodo Sancho) que por favorcito se dañe en Chile no aquí y que de recompensa le ibamos a lavar y cambiar de aceite.

Siguió Sanchito, pino pino, hasta que llegamos a las termas donde nos dieron el diagnóstico: filtro de la gasolina lleno de lodo. Y esa misma tarde, osea ayer, cruzamos la frontera hacia la civilización de San Pedro de Atacama donde todo cuesta cuatro veces más que en Bolivia. Es tan caro que no creo que duremos aquí mucho, simplemente vamos a descansar y cruzamos para bajar por Argentina.

Y eso verán.. Nos fue bien pero Bolivia es para machos. Sancho vio el lado obscuro, vivió caminos que le cambiaron el alma, y nunca sera el mismo inocente Vitara. Y nosotros… vamos a extrañar la crudeza y belleza de Bolivia, pero siempre es bueno volver a experimentar el tener asientos en las tazas de los baños.

Les amo mucho! Escribirán!

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Sancho, Ivan y Karla

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Los Menonos de Bolivia

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Texto por Ivan Kashinsky

Era  denoche. Me había cortado el cabello, rasurado la barba, y estaba vestido en overoles azules, una camisa de manga larga azul  y una gorra azul. Ya era uno de ellos. “Ven para acá,” dijo Cornelius. Estaba sentado con su esposa en la esquina de su mesa de comedor mirándome seriamente con ojos intensos. “Ha sido muy bueno tenerte aquí. Es muy triste que tengas que irte tan pronto. Que te parece quedarte a vivir aquí, en nuestra comunidad, para siempre?”

“Para siempre?”

 

Pensé por un segundo. Como sería  convertirme en menonita? Sin carros. Sin televisión. Sin música. No creo. “Ha sido muy bueno quedarme con ustedes,” dije educadamente,  “Pero no puedo, simplemente no puedo.”

           

Estaba vestido como un menonita boliviano porque me estaba preparando para hacer lo impensable. Al siguiente día, domingo, iba a entrar a la misa de la comunidad menonita en Santa Rita, Bolivia.  A las 6:30 a.m., Abraham pasó a verme por la casa en su carreta.  “Solo no tomes fotos,” me advirtió, mientras el caballo trotaba por un campo  iluminado en camino a la iglesia.

 

Llegamos tarde.  Nos sentamos en pequeñas bancas de madera, los hombres en un lado y las mujeres en otro. Nadie se atrevía a decir una palabra. De repente todo el cuarto se lleno con un sonido de voces denso . Cantaban como si fuera el día del juicio y sus almas dependieran de ello. Rayos de luz dorados se filtraban por los huecos de las paredes amenazando destruirlas. Las voces penetraban  mi cuerpo, desde mi frente hasta el fondo de mis entrañas. Wow! Talvez si existe Dios.

 

Por las siguientes dos horas y media, oí a un pastor leer de la Biblia en alemán. Me dolía la cabeza. El sueño amenazaba. El miedo a ser descubierto ya se me había  pasado. De repente todos saltaron de sus asientos, corrieron a sus carretas, y se fueron sin decirse una sola palabra el uno al otro. Que extraño.

 

Hace como una semana, Cornelius, muy valientemente,  había  aceptado dejarnos quedar en su casa. Observamos como sus hijas ordeñaban las vacas en la mañana y los hombres trabajaban  eternamente en la quesería de Cornelius. Mientras los niños jugaban al atardecer,  me acordaba de una historia que hice como pasante en Iowa sobre una familia que trabajaba en una granja.

 

En la noche, la familia de diez integrantes se reunía alrededor de la mesa mientras les enseñábamos fotografías en nuestra computadora portatil. Sus ojos se abrían  incrédulos cuando abríamos páginas dobles de revistas con fotos de vida submarina. A pesar de que estos jóvenes podían cocinar una cena completa para diez y fabricar sus propias ropas, no tenían idea del mundo exterior. El currículo de su escuela consistía del antiguo y nuevo testamento. Conocimientos básicos de geografía o historia estaban totalmente ausentes.

 

Porque están estas personas tan dolorosamente aisladas del mundo exterior?

 

“El chip,” explica Cornelius. “Ya está sucediendo en países mas avanzados como Alemania y Estados Unidos.” Cornelius me contó como la Biblia explica claramente que chips electrónicos van a ser implantados en la mano derecha  o en la frente de cada ser humano en el planeta. Los que se resistan serán asesinados. “El chip es el 666,” insistió.

 

Menonitas que se han trasladado durante los tiempos desde Europa a Rusia, a Canadá, a México y ahora a Bolivia, siempre han estado separados de la sociedad. Ellos han buscado una manera más simple de vivir para poder practicar su religión en paz. Tienen miedo de la tecnología  y su habilidad de distraerlos del camino de Jesús. Ahora, su peor enemigo ha llegado: el Apocalipsis se acerca y el Diablo viene trepado en la era digital. El internet es 666.  

 

De vuelta en Santa Cruz nos consentimos con un capuchino en una cafetería con WiFi. A veces se siente bien ser malo.

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Diablada de Oruro

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Texto por Karla Gachet

“Jallalla maestritos!”  “Jallalla!”

En total obscuridad, iluminados solo con las luces de los cascos, masticaba hojas de coca con cinco mineros frente a una cabeza de diablo, mejor conocido como el Tío Lucas.  Frente al Tio se habían depositado ofrendas de coca, alcohol, tabaco serpentinas y fetos de llama. Uno a uno, los mineros contaban las historias de terror de las apariciones del Tio de la mina mientras challaban (brindaban) con un alcohol no apto para el consumo humano. Lo bueno es que a esta profundidad de 340 mt. bajo la superficie, ya no viven ni las ratas. Se escuchaba un leve martilleo de los dinamitazos que explotaban en niveles superiores.  De repente leves derrumbes a nuestras espaldas hacian detenerse en su relato macabro al minero que miraba a la obscuridad y nos acusaba, “No están challando con fe, el Tío  castiga cuando no se challa con fe.”

 Cuentan que muchos se han topado con el Tío,  a veces toma la apariencia de otro minero o se le oye rugir como un gorila. El Tio frente a nosotros, de cariño, Tío Lucacho, le hizo una vez hablar a uno de ellos:

 “Estaban aqui en pijcho y un chamo q había entrado recién a trabajar  se había puesto como sonso riéndose de todo y ha botado para atras la cabeza y a don Emilio le ha dicho primero, ‘Vos vienes por aqui y nunca me traes nada, ni un cigarro, sacas tu mineral y no me traes nada.. (a otro) vos entras y te duermes, no trabajas, te voy a comer’ y a todos sus verdades les habia dicho y les habia dejado callados.. ‘como va a saber q yo nunca he puesto un cigarrito’ decia don Emilio… y se había agachado el chamo y empezado a reir otra vez y había dicho ‘huevadas estoy hablando no?’ Tio Lucas le había hecho hablar pues.”  

Esto era mejor que cualquier episodio de la Dimension Desconocida, cualquier libro de Stephen King o Allan Poe, mejor que Carrie, el bebé de Rosemary o El Ente.  Agradecí  al infierno y todos sus íncubos y súcubos por haberme dado esta oportunidad. Rogaba por un encuentro intraterrestre con el Tio, Huari, Satanás, Pie Grande, cualquiera,  aunque sea una sombra tenue o un rugido leve.  Cada cuento o derrumbe me espeluznaba y emocionaba mas, el morbo al mas puro terror llenaba mi alma de júbilo. La hoja de coca se esprimía en mi cachete y mis oidos pedían mas.

Febrero es el mes del Tío. En estas fechas el sale de la mina y baila, de preferencia en los techos de las casas.  Muchos lo han visto disfrazado como los otros bailarines pero en vez de botas se le ven las pezuñas. La diablada de Oruro es mucho mas que una fiesta popular en epoca de carnaval. El baile es dedicado al personaje mas incomprendido en la historia que reside en las entrañas de la Pachamama . 

El martes de carnaval todo Oruro y sus alrededores challan. En la hacienda Cotochullpa, la familia Condarco celebra cada año la “Huilancha.” Se le pide permiso a una llama blanca para sacrificarle, se le da alcohol, chicha y hojas de coca. Osea, se le chuma y droga al animal para que si quiera muera feliz.  Luego se distrubuye la sangre y se challa con esta los cultivos, tractor, moto y casa. Es un tipo de bendicion sangrienta a lo Martes Trece. Se le saca el corazón y se pone con la cabeza y patas como ofrenda en la mesa. Toda la carne se debe consumir el mismo dia. Los huesos se queman y se entierran. Cualquier similitud con brujería es pura coincidencia.

Las danzas andinas del carnaval son un desfile impresionante de disfrazes llenos de color e imaginación. Al llegar a la Iglesia del Socavón  los devotos se derrumban frente a la virgen con el cansancio saliendoles por los ojos. Todo lo hacen por la virgencita que es tan milagrosa, dicen ellos. Bailan por 3 k.m., con disfraces descomunales, algunos sin tomar agua como signo de penitencia, para la virgen quien espera a los fieles pulcra y hermosa en su altar decorado con oro y plata.

 En las minas, una semana después, todo vuelve a la normalidad y los festejantes vuelven a bajar a las entrañas de la tierra con su pico y su coca. Uno de los hombres explica, “El Tío es un poco mas famliar, no se le puede decir a un santo que es un cabrón, pero al Tío si se le dice ‘Tio cabrón, puta, tienes que darme veta hoy dia que mierdas no estoy sacando nada.. que te pasó? te traigo tu challa, tu coca, mierda!’ .. asi se le habla al Tío, es algo mucho mas cercano que habita en este lugar, es algo q ya esta en la sangre de uno.” Y es que a la final uno siempre tiene mas en común con un demonio que con una virgen.

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Cultura del Surf en el Norte de Perú

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Texto por Ivan Kashinsky

Resbalé con mi “long board” por la cara de la ola izquierda, tan alta como yo, bajo un cielo azul. Mi sueño se había hecho realidad. Finalmente estaba surfeando en Máncora, un famoso lugar de surf en el norte del Perú. Subí hasta la parte superior de la ola y luego me deslicé hacia abajo y enderecé mi trayecto en el intento de ganarle a la ola antes que se cierre. Demasiado tarde. De repente, fui lanzado de mi tabla y tragado hasta las profundidades del océano. Todo estaba oscuro. Después de mil vueltas empecé a patalear, cortando mi dedo gordo en el fondo rocoso. Estuve sumergido por demasiado tiempo, cuando salí a la superficie, el aire lleno de vida a mi pulmón. Es hermoso estar surfeando otra vez.

Muchas personas creen, sobre todo los peruanos, que los primeros surfistas fueron del Perú. Se dice que hace 5000 años, los pescadores de la cultura Chan-Chan, anterior al imperio Inca, fueron los primeros en montar las olas en sus “Caballos de Totora”, una larga tabla de surf en forma de barco. Algunos historiadores creen que estas antiguas culturas de América del Sur han estado en contacto con las de Polinesia, que más tarde trajeron la idea a Hawaii.

De donde quiera que se haya originado, el surf en su forma moderna ha vuelto a transformar completamente la vida del niño promedio de algún pueblo de pescadores que esté situado frente a un mundialmente conocido “surf break.” Un grupo de jóvenes de alrededor de 20 aňos han adoptado el nombre Máncora Surf Club. Al igual que la mayoría de jóvenes de estos pequeños pueblos que se han convertido en destinos internacionales de surf, ellos han adoptado dos puestos de trabajo: instructor de surf y hombre irresistible. Ellos lo tienen todo resuelto. Su vida consiste en surfear todo el día, mientras las mujeres de Boston a Amsterdam babean por sus cuerpos perfectamente esculpidos. No, no estoy celoso. La otra opción profesional en Máncora es conductor de taximoto y vendedor de hierba. Casi todos en América Latina tienen que tener dos empleos.

Invité a Carlos, un miembro del club de surf, a una cerveza en un intento de comprender mejor la cultura local de surf. Él me explicó que se había concedido un cierto grado de autoridad a los surfistas por parte de la policía local. Confundido, le pedí un ejemplo. Me explicó que si un borracho orina en público delante de niños, o un ladrón roba las pertenencias de un turista, se espera que ellos le saquen la madre.


Aunque Carlos parezca un durazo, su lado sensible aparece cuando cuenta sus historias. “Una vez le enseñamos a un ciego a surfear”, me dijo. “Fue la cosa más asombrosa. El podía oír en donde él en relación con la ola”. Carlos parecía sinceramente conmovido por esta historia.

Sentados en un bar propiedad de una hermosa surfista Inglésa, novia de uno de los mejores amigos de Carlos, mirabamos la multitud de bares que han llenado las calles de Máncora. Me dijo que hace quince años, nada de esto existía. Hace mucho tiempo Máncora era una hacienda. Luego se convirtió en un puerto popular cuando un grupo de personas empezó a vender atún a embarcaciones que venían de todas partes del mundo. Cuando Carlos era un niño, su padre le decía que estos hombres se volvieron tan ricos por la venta de atún que se limpiaban sus traseros con billetes.


Máncora ahora tiene una nueva economía. Para bien o para mal se ha transformado en una Meca del surfista o del que quiere ser surfista. Hombres que salieron a Lima para encontrar empleo están regresando a su pequeño pueblo de pescadores a trabajar con los turistas. La gente como yo, vienen a alquilar tablas, comer ceviches y quemarse ridículamente. Más al sur, en la ciudad de Huanchaco, los turistas vienen a ver a los pescadores navegar el mar en sus Caballos de Totora, supuestamente la primera tabla de surf. No está claro si estas civilizaciones pre-incáicas surfearon por diversión, o si simplemente trataban de encontrar el camino más rápido hacia la orilla. Si el pueblo de Chan Chan inventó surf, sin duda éste cambió mi vida, y más aún, la vida de Carlos.

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Por la carretera

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Texto por Karla Gachet

Ha pasado casi un mes desde que salimos de Guápulo rumbo al sur. El salir en si fue la primera batalla vencida, luego de tantas despedidas y lloros ya nadie nos creía. Requerimos la ayuda de un adulto, Victorini, para tunear el corre caminos y asegurarnos de que el viaje iba a ser en el Vitara y no a dedo. Los regalos antes de la partida fueron de lo mas variados y prácticos: la estampa de la virgencita, parlantes que sirvan para el ipod, el poncho tejido a mano, antibióticos para el vómito y diarrea, un gorro tipo esquimal, mentas y pistachos.

 

Salimos triunfales y optimistas listos para conquistar el sur. En Santo Domingo ya se daño el carro. Por suerte solo era la llanta que no ha estado bien ajustada.. A la altura de Santa Rosa al sur de Machala le cambio su primer aceite un hombre albino y seguimos listos para cruzar la primera frontera.

 

“Bienvenidos a Perú”, cruzamos la frontera! Y luego la cruzamos seis veces más. Cada vez que llegábamos al otro lado nos faltaba algún documento que se lo tenía que sacar, por supuesto, en el lado de Ecuador. Huaquillas, la tierra de la confusión donde nadie sabe a que lado mismo pertenece, ni le interesa. Las calles están llenas de vendedores y policías.  Nos tomó algunas horas pasar la bendita frontera, finalmente los documentos de los tres estaban en regla y seguimos para el sur.

 

Máncora parecía el destino ideal para la primera parada. Nos encontramos con cuerpos esbeltos, ceviches de pescado crudo y un millón de moto taxis. El sol, el viento, el agua, perfectos, paradisíacos. Hasta que nos robaron. La odisea para encontrar culpables fue peor que el mismo robo. “El oficial Saavedra le va a acompañar en la investigación.”

 

Mientras Iván pegaba papelitos por toda Máncora en donde se anunciaba una jugosa recompensa, yo me subía a la camioneta doble cabina con Saavedra y su compañero. “Pero eso si tiene que darnos para la gasolina…” Luego de horas de inútil búsqueda y de oír las conversaciones íntimas de Saavedra con su amiguita por celular, “Yo soy tu negro destino mi chiquita… que haces… estas solita…me estas pensando…” entendí que todo era una burla. A un taxi-motorista, único sospechoso del robo le llevaron a un “cuarto de torturas” de donde salieron riéndose luego de darse cuenta de que “no, el no es.”

 

Seguimos el camino al sur, habíamos perdido demasiado tiempo y ya no había punto de llover sobre mojado. Nos dieron el dato de una persona que nos podía ayudar a conseguir equipo en Lima. El paisaje del norte hacia Lima es puro desierto. Luego de la mil quinienta duna uno deja de prestar atención al paisaje. La diosa mas popular de este desierto es la Inca-Cola, se cree… Paramos en pequeños restaurantes en el camino y disfrutamos del mejor pescado y de mil inca-colas heladas. Las gasolineras se llaman grifos, había una que se llamaba “Su amigo Grifo,” jeje.  La vida volvía a sonreírnos  mientras cruzábamos los hermosos atardeceres por el desierto de Perú.

 

Y de pronto nos paró la policía. “Papeles!” Ja ja, no nos pueden hacer nada… tenemos todo en órden…”Y el SOAT? No, el ecuatoriano no, el peruano…” Desde este punto hasta llegar a Lima,  nos pararon siete veces mas por cualquier razón que se pueda alguien  imaginar. “No se le lee la placa…” Que? Unos cuantos sobornos mas tarde llegamos a la jungla de Lima. “Disculpe señor, por aquí hay hoteles?”  El señor, “Vea yo de usted salgo de aquí porque no solo les van a robar sino que les van a desvalijar el auto…”

 

Miguel nos llevó al siguiente día a los “polvos azules.” Aquí se encuentra de todo. Un abrazo a Miguel y su novia y seguimos para poder llegar a tiempo a la Diablada de Oruro en Bolivia. La frontera boliviana fue otro vía crucis pero llegamos a tiempo, justo en vísperas de las fiestas. Luego de muchos hoteles, moteles y residenciales llegamos a nuestro destino. Pero Bolivia es otro cuento…

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